Vulnerabilidad: por qué cuesta tanto mostrarnos (sobre todo en familia)
Por qué es más fácil abrirse con desconocidos que con la familia, qué tiene que ver la forma en que nos educaron, y cómo empezar a habitar la vulnerabilidad con conciencia.
Por Ada Martínez · 20 de octubre de 2026 · 6 min de lectura
Yo creo que la comunicación no violenta no se puede practicar sin vulnerabilidad. Hay que abrir el corazón para decir lo que sientes y lo que necesitas. Y eso, para la mayoría de nosotros, no es algo que nos hayan enseñado.
La palabra lo dice todo
Me puse a investigar de dónde viene la palabra. Viene del latín: vulnus es herida, y habilis es ser capaz de. Si la traducimos completa, vulnerabilidad es la cualidad de poder ser herido.
Con razón cuesta. A muchos nos enseñaron a poner un escudo para que nadie nos lastimara. Lo que no nos dijeron es que ese mismo escudo tampoco deja entrar el amor.
Por qué con la familia es más difícil
En el círculo, un participante decía: "cuando practico con alguien que no es de mi familia me siento cómodo, siento que ya estoy aplicando algo. Pero con mi familia no me sale".
Le pasa a casi todos. Con alguien nuevo el vínculo no tiene historia. Con la familia ya hay roles, dinámicas de poder y heridas de antes. "Ya te conozco, ya sé cómo vas a reaccionar." No nos damos la oportunidad de reconocernos de nuevo, aunque nadie somos los mismos ni de un día para otro.
Y ahí está la parte que no venía en el libro de Marshall Rosenberg: en los vínculos antiguos hay impactos que reparar antes de que la comunicación fluya. Con cada uno de mis hijos, y conmigo misma, hubo cosas que reparar.
Lo que aprendimos de niños
Muchos crecimos con formas de cariño que no se sentían bien. Un participante contaba que su abuelo, militar, le daba un pellizco al pasar; esa era su manera de demostrar cariño. Otra participante creció con hermanos que la saludaban con un golpe en el hombro y la elogiaban con un "mira, no estás tan mensa".
De niños no podíamos irnos ni decir "esto no me gusta". Sobrevivíamos. Lo normalizamos: "así llega el amor". Y fuimos congelando partes que sentían que algo no estaba bien.
A los hombres, además, muchas veces les tocó el "no llores, no sientas": su rol era proteger y proveer, no mostrarse vulnerables. Ninguno de nosotros fue educado para habitar la vulnerabilidad. Cada generación conquista un poco más de libertad, y también confronta a la anterior.
La violencia muchas veces la usamos para proteger nuestra propia vulnerabilidad.
Darte cuenta también duele
Cuando por fin te das cuenta de que algo que viviste no estaba bien, aparece un duelo: enojo, tristeza, desilusión. Es parte de integrar la experiencia. Y también puede traer conflicto con tu entorno, porque empiezas a hacer ajustes en tus vínculos. Habrá quien te acompañe y quien no quiera entrar.
Ahí te toca elegir cómo cuidarte: qué distancia, qué profundidad y qué prioridad le das a cada vínculo. No se trata de aguantarlo todo.
Sin vulnerabilidad no hay creatividad
"La curiosidad, el descubrimiento, la creatividad, la expresión, la comunicación, la capacidad de ver las cosas de una nueva manera, a menudo ocurren en ese clima de confianza." Carl Rogers
Brené Brown, que investigó la vergüenza y la vulnerabilidad durante años, dice algo parecido: sin vulnerabilidad, la innovación se detiene. En un clima de confianza nos permitimos ser vulnerables, y ahí aparece lo nuevo.
Cómo empezar a habitarla
Imagina tu relación con la vulnerabilidad como si fuera una persona. ¿Cómo te sientes con ella? ¿Insegura, frágil? ¿O ya un poco más abierta? ¿Dónde la sientes en el cuerpo?
Y después pregúntate qué necesitas nutrir para poder habitarla un poco más. Cada persona tiene su respuesta: seguridad, confianza, aceptación, pertenencia, ver y ser visto. A veces lo primero es simplemente darte permiso.
Mostrarte vulnerable puede ser algo tan concreto como decirle a tu mamá: "esto me duele cuando me lo dices así. Sé que a lo mejor es lo que te sale. Pero me encantaría un abrazo". Nombrarlo ya libera algo.
Si hay vínculos en tu vida que necesitan reparación y no sabes por dónde empezar, es parte del trabajo que hacemos en el Programa VIDA.
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Círculo de escucha: Vulnerabilidad, cómo habitarla
Este artículo sale de un encuentro grabado. En el video escuchas el tema con más ejemplos y las preguntas de quienes participaron.

